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La palabra latina medieval vassallus deriva del latín clásico vassus

"sirviente", que a su vez es muy probablemente una ambiguación o

"cognata" de origen indoeuropeo con la raíz céltica wasso - "joven, 

escudero”, como en la palabra galesa gwas con el idéntico significado

 de "joven" o "sirviente", en la lengua bretona goaz "sirviente", "vasallo",

"hombre" y en la irlandesa foss "sirviente".También se usaba en fran-

cés el término vavassor, vavasour, vavasseur o vavassal, derivado del

latín medieval assusvassorum "vasallo de los vasallos". En el norte de

Italia se usaba el término valvassori y en España el de "valvasallo".

     Originalmente se pensó en un cuerpo de acompañantes de la Virgen, como se ha dicho, inspirado en los Diablos de Yare al tener en cuenta que Jesucristo Rey del Universo es el patrón y existían en Mérida los Vasallos de la Candelaria que hacen vida en la parroquia Santiago Apóstol de la Punta, poco a poco se fue dando forma al cuerpo de Vasallos que por cuarenta años y por siempre jamás mientras estemos y ella lo permita acompañara escoltará y defenderá a la Virgen de Regla, citando a San Bruno: Mientras la cruz siga firme sobre la tierra y el Pilar de Jade de Augusta Cesárea.


     Los Vasallos de Nuestra Señora de la Regla son un cuerpo muy particular, primero que todo visten un traje fresco y colorido que consta de pantalón corto hasta las rodillas, una camisa de cuello alto y redondo con mangas largas, hechos en tela estampada de fondo blanco o color pastel con cintas de colores y cascabeles que simbolizan todos los matices de colores y sonidos de la naturaleza del cantón que es tierra fértil y agrícola, complementa la vestimenta una media—sobre capa que permite a los vasallos bailar simulando a las aves silvestres que siempre acompañan con su canto particular el Valle del Mocotíes, antiguo cantón de Nuestra Señora, una maraca, un instrumento originario de Venezuela utilizado por los indígenas con fines ceremoniales mucho antes de la llegada de los españoles, pero no en par como se usa en el llano venezolano y en agrupaciones musicales, sino una sola como se utilizaba en las tribus originarias con fines ceremoniales.

     El traje va acompañado de una máscara hecha en una concha “ceremonial” de tapara, un fruto autóctono de la zona, con pico adornos y pintado coloridamente como las aves silvestres, símbolo de sencillez, inocencia y pureza, evocando aquellas máscaras de la peste de Dante Aligiheri que no eran otra cosa que una careta de pico largo que evitaba el contacto con las contaminaciones (una analogía: mantener intacta la fe) alejaban a su usuario de los malos olores y peligros. Esta mascara acabada en papel maché pintada por cada vasallo es utilizada como sombrero protector y se coloca sobre la cara al momento de despedirse de la Virgen después de su función principal, fiesta o solemnidad cuando el tambor retumba en el Santuario y sus hijos (vasallos) se van despidiendo arrodillándose y “maraqueando” con fuerza pasión y devoción ante la señora pidiendo su bendición de dos en dos.


     También se pueden apreciar una media o sobre capa que permite a sus hijos vasallos bailarle una especie de rito del pájaro un antiguo pasaje indígena que rinde culto a los dioses, en este caso a la Madre de Dios y a Jesucristo Rey, ciertamente un traje lleno de símbolos y colores.


     Sus hijos parten cada ocho de Septiembre de la esquina llamada el puente, el cruce entre la avenida Bolívar y la calle Páez acompañados de sus caballeros que son los que escoltan y cargan la réplica de Nuestra Señora, bailando por todo el recorrido al son del tambor hasta su Santuario, donde entran escoltados por el simpecado (estandarte) y colocan a la Virgen bajo el atrio de la derecha donde se encuentra Jesús de la Misericordia y la réplica cargada por los Caballeros es llevada hasta la sacristía, porque la Virgen se encuentra en su altar ya decorada.

     Durante la misa, sus hijos vasallos se colocan a cada lado del pasillo principal y en alguna solemnidad o conmemoración especial se postran en el piso, pero allí se mantienen firmes acompañando a la Reina hasta el fin de la eucaristía de pie, cuando al son del tambor, pasan de dos en dos sonando con fervor sus maracas para arrodillarse rezarle, pedir su bendición hasta el próximo año y despedirse saliendo de frente a ella y de espaldas a la calle hasta llegar al pasillo principal. Al finalizar este agasajo y despedida de sus vasallos, sale la antigua réplica de la Virgen de los vasallos junto a su escolta; al salir de la iglesia en el atrio, frente a la puerta principal le hacen honores a la patrona Sultana y Reina del Mocotiés y su Divino hijo, bailando, rezando y sonando sus maracas con fuerza y fervor, para despedirse rezando con júbilo y nostalgia hasta el otro año. Los caballeros y los vasallos son hermanos una misma gente que por cuatro décadas la han acompañado, han dado pauta, cátedra y quizás también han dado origen a otras agrupaciones que son bienvenidas y aplaudidas siempre y cuando RESPETEN LA FE, TRADICIÓN HISTORIA Y JERARQUÍAS, porque esto es un tema de devoción, no es una competencia de colorines y poses tal cual pasarela de la moda en Milán New York o Paris, como hemos criticado muchos por las constantes faltas de respeto. Los Vasallos y los Caballeros le rinden culto y honran a la patrona, a la tradición a nuestras raíces que son una mezcla de aquellas almas que vinieron del viejo continente y las almas aborígenes autóctonas que ya poblaban estas tierras, una mezcla de fe, olores, tradiciones, costumbres y afectos que nadie puede entender ni explicar pero todos llegamos a amar.