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sÉPTIMO DÍA DE NOVENA

preparatoria a la fiesta de Nuestra Señora de la Regla de San Agustín 

Para iniciar el rito se hace la señal de la cruz y se reza el acto de contricción

ORACIÓN PREPARATORIA


     Acuérdate, ¡oh piadosísima Virgen María!, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu auxilio y reclamando tu socorro, haya sido desamparado de ti.  Animado con esta confianza, a Ti también acudo, ¡Oh Virgen, Madre de las vírgenes! y, aunque gimiendo bajo el peso de mis pecados, me atrevo a comparecer ante tu presencia soberana.  ¡Oh Madre de Dios!, no deseches mis humildes súplicas; antes bien, escúchalas y acógelas favorablemente. Amén.

ORACIóN PARA  TODOS LOS DIAS 


     Virgen de Regla y Norma de vida, Inmaculada llena de gracia, bondad y ternura en abundancia, me rindo a tu maternal acogida. Lirio y Madre de humanidad,  Faro radiante y singular protectora, de mis aflicciones conocedora,  tu misericordia llama a mi ruindad. María buena, dócil y cariñosa, dame la dicha de tenerte por Madre hijo del Eterno Dios y Padre, digno de tu intercesión poderosa. Oh Sierva de la Bienventuranza, dame al Dios hermano, quiero ser cristiano de tu mano, y caminar a tu semejanza. AMÉN.

ORACIóN PARTICULAR

    

     Virgen Santísima de Regla, Madre de toda pureza y santidad, nada hay más lejos de Ti que el pecado. No permitas, Madre mía, que viva sujeto a la culpa, que permanezca cerrado a la gracia;  si tú fuiste libertadora y protectora de tus devotos que gemían en dura esclavitud temporal,  y los sacaste de la cárcel de misteriosa manera, líbrame también a mí de la esclavitud del pecado;  no permitas que triunfe en mi alma el enemigo, enredándome con los lazos del pecado.  Juntamente con el favor particular que suplico de tu clemencia en esta novena,  alcánzame de tu divino Hijo el aumento de virtudes, la pureza de intención y una resolución firme de evitar todo motivo y ocasión de pecado para que algún día pueda  cantar tus triunfos y tus glorias por toda una eternidad. Así sea.

CONSIDERACIÓN / REFLEXIÓN DEL DÍA

     

     Contemplamos hoy a María como Mujer de la Esperanza. En Pentecostés llega el momento de la Iglesia misionera, apostólica, evangelizadora; de la Iglesia profética, que sale del Cenáculo. Allí está María, que preside la comunión y la oración de los apóstoles. La Iglesia nace en la plena docilidad de María al Espíritu... La esperanza es camino y María nos enseña a subir y nos lleva al Monte Santo que es Cristo. La esperanza es tensión hacia la meta definitiva y María nos abre, glorificada ya en el cielo esa meta definitiva. Allí en el Reino consumado, está nuestro verdadero nombre, el nombre que alcanzaremos un día cuando entremos en el reposo definitivo del Padre; y María es la luz que anticipa esta esperanza para todos los que peregrinan. Ella es “signo de esperanza cierta “, como la llama el Concilio. María de Nazaret, la pequeña, la pobre, misteriosamente fecunda por la acción del Espíritu Santo, nos da la Esperanza que es Cristo el Señor, el salvador de los hombres, nuestra paz, nuestra única esperanza. ¡Cómo se nos ensancha el corazón en María de la Esperanza, cuando sentimos también nosotros el corazón demasiado reseco y sediento! San Francisco, en su oración ante el Cristo de San Damián, pide al Crucificado-resucitado fe recta, esperanza cierta y caridad perfecta, es decir, la realidad de Jesucristo en nuestra vida. Así pues, acercándonos a María, descubrimos que ella es esperanza porque se abre a la realidad del Señor. Abrámonos también nosotros al Señor y mostrémosle todo lo que hay en nuestra vida.  

GOZOS A n. S. DE REGLA



L. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.

 

T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.

 

L.  Virgen madre entregada por completo al Señor, 

alma castísima que nos da a nuestro santo redentor.

 

T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.

 

L.  Gloria excelsa de toda cristiana virtud, 

amparo poderoso de la necesidad del creyente.

 

T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.

 

L.  Sol claro y radiante que alumbra nuestra miseria, 

celestial doncella, el más precioso diamante.

 

T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.

 

L. Arca de la Nueva Alianza, la por Dios elegida, 

Madre de Dios en la tierra, Esposa del Espíritu Santo. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección. 


L. Templo de Salomón y ciudad de defensa, 

quien en sí no contempló ninguna culpa. 


T. Faro radiante, Virgen de Regla, danos tu protección.

EJEMPLO  


     En el año 1482  catorce cristianos encarcelados lloraban su desgracia en las cárceles de Granada. Estaban faltos de esperanza y lamentándose en aquel penoso lugar. Entre ellos había uno que era de Rota. Para levantar el ánimo de sus compañeros, contaba muchos milagros de la Virgen de Regla. Aquellos presos se postraron en tierra e invocaron con devoción a la Virgen de Regla. Después se durmieron. Pero el roteño continuó en vela repasando sus recuerdos, y pidiendo que la Virgen les devolviera la libertad.  De repente se iluminó la mazmorra y la Virgen se presentó a aquel cautivo devoto tal como se venera en Regla. Le hizo entrega de la llave del calabozo para que escaparan de aquel lugar triste.  Despertó nervioso a los otros cautivos cristianos. Salieron todos de la mazmorra sin ninguna dificultad. Atravesaron las calles de Granada, abandonaron la ciudad y vinieron a Chipiona para dar gracias a la Virgen que les había librado de su cautiverio. Y depositaron en el camarín la llave de la mazmorra, que aún hoy día se conserva. 



 Pedimos el favor que deseemos alcanzar en esta novena por intercesión de María Santísima de Regla. 




Padre nuestro

 Ave María 

Gloria  

ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DIAS


     Santa Madre de Dios,  patrona y abogada nuestra,  que desde tu Santuario de Regla  velas constantemente por tus hijos como Madre cariñosa y atiendes solícita al socorro   de todas las necesidades. Muéstrame nuevamente a tu Hijo, Nuestro Señor Jesucristo, Luz y guía en el mar de la vida.  Escucha, Nardo Purísimo, mi oración, sabes bien lo necesitado que estoy  y cuánta es la confianza y necesidad que tengo en tu protección poderosa.  Auxíliame, por tanto, en mi petición,  sin tener en cuenta mis pecados.  Concédeme, Virgen de Regla,  lo que con fe te pido de corazón,  para mejor poderte servir en adelante,  honrarte, venerarte, darte gloria  y manifestar tu bondad y misericordia.  Así sea.  

¡Viva la virgen de regla!